Hasta hace poco, grabar vídeos era una afición que me permitía explicar cosas, conocer gente y, con el tiempo, cubrir algunos gastos. Ahora me está pasando algo que no esperaba: empiezo a preguntarme si algún día podría vivir de crear vídeos.
Me ilusiona y también me da miedo. Mi negocio sigue siendo lo que me da de comer, pero ver que el proyecto crece me obliga a hacerme una pregunta: si con el tiempo que le dedico he llegado hasta aquí, ¿qué pasaría si le diera un poco más de espacio?
Empecé porque quería explicar lo que veía
Mis primeros intentos de grabar vienen de mucho antes del coche eléctrico. Recuerdo las pruebas de aparatos y material de informática de hace años, cuando ponerme delante de una cámara me daba una vergüenza tremenda.
Aun así, siempre he tenido esa necesidad de transmitir lo que veo o lo que pienso. A veces estoy en un sitio y siento que alguien más debería verlo. O aprendo algo y pienso que quizá le sirva a otra persona. Con que le ayude a una, ya siento que ha merecido la pena.
También pasé por los vídeos de impresión 3D, una afición que sigo manteniendo. Después llegó la compra de mi primer coche eléctrico y apareció un tema con mucho recorrido: podía contar lo que me sucedía, las dudas, las pruebas y los problemas de usarlo de verdad.
En el archivo queda aquella presentación de mi canal personal en octubre de 2024. Volver a esos comienzos ayuda a entender que esto ha ido creciendo mientras aprendía a grabar y a explicarme.
El cambio llegó al encontrar mi manera de contar las cosas
Hubo un momento, al explicar un fallo del coche, en el que noté un cambio en mi forma de comunicar. No fue solo el tema del vídeo: empecé a soltarme más. Desde entonces intento detectar algo que puedo mejorar en cada grabación y aplicarlo en la siguiente.
No escribo guiones para leerlos. Me marco una estructura y unas pautas para no irme demasiado por las ramas, pero después lo explico a mi manera. Las herramientas que utilizo me ayudan a ordenar ideas; no quiero que sustituyan mi forma de hablar.
Lo que cuento nace de mi día a día: una visita al taller, una conversación con alguien que sabe de un tema, probar un coche o instalar y enseñar un accesorio. Es un formato con el que me encuentro cómodo y, por la respuesta que recibo, está conectando con más gente.
Las cifras que me hicieron mirar el canal de otra manera
Al grabar esta reflexión, cuento que estoy cerca de los 7.000 seguidores en el canal de coches eléctricos, con un crecimiento que ronda los 500 al mes y unas 50.000 horas de visualización al año. Son las referencias aproximadas que doy en ese momento; no una previsión de lo que vaya a pasar después.
Más que el número aislado, me impresiona pensar en el tiempo que otras personas pasan viendo algo que he preparado. Antes sentía que podía ayudar a unas pocas; ahora el alcance es mucho mayor.
No todos los vídeos responden como espero. A veces una idea que creo que va a funcionar se queda en unas 1.500 visitas y otra que grabo con naturalidad encuentra mucha más respuesta. Sigo teniendo dudas, aunque vaya entendiendo mejor qué interesa.
Ya dejé por escrito un balance del canal en mayo de 2025. Es una foto de otra etapa, con sus cifras y su contexto. Esta reflexión muestra cómo ha cambiado también lo que me planteo hacer con el proyecto.
Una mañana de grabación y muchas horas que no se ven
Normalmente reservo una mañana a la semana para grabar. Puedo quedar con alguien para una charla, ir a ver un coche o preparar una prueba concreta. Si lo organizo bien, de unas cuatro horas pueden salir varios vídeos.
Pero el trabajo no termina cuando apago la cámara. Después hay que editar, preparar títulos y miniaturas y dejar cada publicación lista. Muchas veces lo hago por la noche, cuando mi mujer y mi hija ya se han ido a dormir, o aprovechando algún hueco.
He aprendido a grabar pensando en la edición. En mi caso, un vídeo de media hora puede llevarme unos cuarenta minutos de montaje porque intento facilitar ese trabajo desde la grabación. A eso hay que sumar el resto de la preparación. No todos los vídeos salen igual de rápidos: tengo material anterior que cuesta más editar precisamente porque entonces no lo preparaba como ahora.
Lo que busco es poder transmitir lo que quiero contar sin pasar días con cada montaje. Ese sistema me permite mantener el canal junto al trabajo y la familia, aunque también implique acostarme tarde más de una noche.
Cuando los ingresos dejan de pagar solo los gastos
Al empezar a cobrar de YouTube, el dinero servía para compensar parte de la cámara, las tarjetas de memoria y los servicios que utilizo. Repartía mentalmente el coste del equipo entre los meses y lo veía como una ayuda para mantener la afición.
Ahora noto que el rendimiento ha dado un salto. En la grabación explico que estoy acercándome a poder cubrir con ello una cuota de autónomos como la que ya pago. No significa que YouTube haya sustituido el sueldo de mi negocio. Es el cambio de escala lo que me hace pensar hasta dónde podría llegar.
Yo ya era autónomo por mi actividad, así que parto de una situación concreta. Además del equipo y los servicios, tengo presentes los impuestos al valorar lo que queda. No doy aquí una cifra exacta de ingresos mensuales ni un sueldo neto: todavía estoy viendo cómo encaja todo.
Probar productos sin perder mi libertad
También están llegando propuestas y productos de más entidad. Ya no se trata solo de un accesorio pequeño: me ofrecen probar cargadores y otros aparatos que me apetece conocer.
Eso me hace ilusión, pero tengo un límite claro: quiero poder grabar y explicar las cosas a mi manera. Hasta ahora siento que lo están respetando. Si una colaboración me impidiera hacerlo, preferiría no grabarla, porque dejaría de disfrutar de esta parte del proyecto.
La curiosidad por probar cosas y enseñarlas es precisamente lo que me trajo hasta aquí. Me interesa conservarla mientras el canal crece.
Dar más tiempo al canal sin dejar lo que me sostiene
La decisión que tengo delante es bastante concreta: añadir otra mañana o una tarde de grabación. Me pregunto qué podría hacer con más tiempo, pero también sé que tengo que atender el trabajo que me da de comer.
A veces imagino lo que supondría contar con alguien que preparara las cámaras y otra persona que editara. Ideas no me faltan, también fuera de los coches: viajes, experiencias o aprender cómo se hace algo. Pero contratar esa ayuda cuesta dinero y ahora no puedo asumirla.
Lo que sí quiero hacer es grabar un poco más y preparar contenido para diciembre y enero, mis meses de más trabajo. La idea es llegar con vídeos adelantados y mantener la actividad del canal cuando tenga menos huecos para grabar.
También me atrae hacer contenido que siga teniendo sentido con el tiempo. Con los viajes de Canadá, por ejemplo, quiero que alguien pueda disfrutarlos mucho después de publicarlos. Esa intención me interesa más que perseguir cada tema del momento.
Hasta dónde quiero crecer
La posibilidad de vivir de esto me ilusiona, pero enseguida aparece la otra pregunta: ¿y si un día deja de funcionar? He visto creadores crecer mucho y después desaparecer. Y reconozco que esa inquietud también existe con mi negocio: tampoco sé con certeza quién vendrá a comprar mañana.
Con los años he aprendido a poner límites. Cuando crecer empieza a hacerme la vida difícil, prefiero buscar otra forma de organizarme o cambiar de dirección. No quiero convertir algo que disfruto en una obligación que me haga sufrir todo el día.
No sé dónde terminará esta etapa. De momento estoy conociendo gente, probando cosas y disfrutando mucho de grabarlas. Voy a darle un poco más de tiempo y seguir aprendiendo.
Cuando miro algunos vídeos antiguos, hoy los haría de otra manera. Pero tuvieron su momento y me ayudaron a llegar a los siguientes. Esa es la idea que me llevo: empezar, equivocarme y corregir. Quizá dentro de cinco años vuelva a esta reflexión y vea que aquí empezó un cambio; por ahora, me toca seguir grabando y editando.
La reflexión completa en vídeo
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