Al cumplir un año con el Kia EV3 llevaba casi 30.000 km y lo utilizaba como coche principal, sin otro coche de combustión de apoyo. Había pasado por ciudad, viajes, trabajo y uso familiar: suficiente para comparar las expectativas con la vida cotidiana.
Lo que resultó más sencillo de lo esperado
En el balance que publiqué en febrero de 2026 expliqué que la experiencia había sido mejor de lo que esperaba. La comodidad y la suavidad de conducción tenían mucho peso, pero también que cargar y organizar las rutas me había generado menos complicaciones de las que imaginaba.
Los sensores y las ayudas a la conducción también me habían resultado útiles. Mi valoración procede del uso de mi coche; no equivale a garantizar que una asistencia evite cualquier golpe.
Lo que seguía siendo mejorable
Mi crítica se dirigía especialmente a talleres y aseguradoras que, en mi experiencia, todavía no se habían adaptado bien al eléctrico. Algunas gestiones me parecían lentas y poco ajustadas a las necesidades del usuario.
Estar contento con la conducción no impide señalar esas dificultades. El relato de la primera revisión amplía esa parte de la experiencia.
Un balance situado en el tiempo
Este artículo recoge cómo veía el coche al terminar aquel primer año. Meses después ocurrió la segunda avería de la ICCU, que añadió un capítulo importante a la historia.
Conservar ambas fechas permite seguir la evolución de mi opinión sin presentar la valoración de febrero como si incluyera todo lo que pasó después.
Vídeo de esta experiencia
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